jueves, abril 26, 2012

Días de trabajo... del que me gusta.



Como sabes, hace un año que dejé mi trabajo tradicional, el que me daba de comer hasta ese momento, para lanzarme al mundo de la creación freelance. Ha pasado relativamente poco, y ya puedo hacer un balance bastante aproximado. El primer año siempre es duro, y este no ha sido una excepción.

El cambio se ha producido desde el pasado mes de enero. Un aviso desde mis alarmas en Twitter sobre el hastag #trabajo me puso en contacto con una editorial y acepté la redacción de un libro de encargo. En ello estoy estos días.

Quise organizar el trabajo de una manera, y resultó no ser la correcta, así que el sprint final se prevé de infarto. Nada que no se pueda hacer, pero nunca apetece trabajar con tanta presión. Un problema en el ordenador lo empeoró todavía un poquito más. En fin, si ves a Murphy le das recuerdos míos.

Ahora, ya he aprendido a hacer copias en la nube y a tenerlo todo por duplicado (o triplicado).

Continúo sacando adelante los blogs temáticos que he ido abriendo a lo largo del año que llevo trabajando en casa. He continuado con mi colaboración con Blogo, editando los blogs de cine y televisión, y añadiendo nuevos clientes para mis posts.

Con eso, se va haciendo casa, que dicen por aquí.

He charlado con Paco Gayet largo y tendido sobre su libro para sacar partido a Internet en tiempos de crisis (recomendadísimo. Aquí lo puedes encontrar). De hecho, voy a presentarlo yo en Onda, y quizás en algún sitio más.

He intentado grabar varios podcasts de Crónicas desde Sepelaci, pero la maldita conexión, o el programa de grabación, no estoy seguro, me los han boiocoteado. Mis disculpas a David Baldeón  y David Mateo (a ver si va a ser cosa del nombre...) por no haber podido editar el audio en condiciones. He preferido anular esos dos programas, y en cuanto pueda buscaré alternativas.

También colea por ahí el podcast local Fet a Onda. No lo he abandonado. De hecho, el próximo entrevistado tenía que ser el propio Gayet, pero me ha sido imposible. Siempre que quedábamos, ocurría algo que me impedía reunirme con él. Cachis.

Unos días tengo bajones, porque las cosas quizás no van tan rápidas como uno se espera. La situación, bueno, ya sabes como está ahí fuera. Pero no pierdo las ganas, la ilusión y las ganas de trabajar.

Oye, soy un privilegiado. No, no cobro miles de euros al mes, ni disfruto de ventajas fiscales, ni nada de eso. Trabajo en lo que me gusta, en lo que me apasiona.

Tengo en el horizonte cosas que pueden cambiar mi forma de vida y de trabajar, pero siempre sin dejar esto que tanto disfruto haciendo. Puede ser que acaben surgiendo, o puede que no lo hagan. Da igual. No pienso rendirme. Seguiré delante del monitor, tecleando y buscando alternativas. Esos dos euros de aquí, tres de allí y cinco de más allá para redondear los ingresos e ir tirando.

¿Iluso? Pues igual, pero oye, en estos momentos, ya tengo algo que mucha gente ha tenido que dejar aparcada. Ilusión.


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