miércoles, noviembre 18, 2009

Un crucero de ensueño...


Pues sí.
La semana pasada me la pasé a bordo de un barco, un señor crucero que recorrió parte del Mediterráneo, el Mare Nostrum este que nos rodea por todos lados.
El barco en cuestión se llama Gemini, y pertenece a Quail Cruises, que dicen que es enteramente española.
Y estos datos te los doy, porque... ¡menudo crucero!
Te tratan como si fueras un ricacho de esos. Si quieres tomar algo, lo tienes al momento. Si quieres comer, tienes comida durante todo el día (¡y noche!) y sin pagar ni un cuarto, que eso ya lo has soltado antes de subir. Esto del "Todo Incluído" es un chollazo, de verdad...
En fin, durante siete días, siete, nos sentimos no como en casa, claro, pero sí como si estuvieramos en otro mundo. La simpatía y buen hacer de todos los miembros de la tripulación hacía que todo fuera confortable y entretenido.
A bordo, todo eran sonrisas y buen rollito, eso que pasa cuando no tienes preocupaciones y todo va sobre ruedas.
Claro que esto fue a partir del martes, porque la travesía hasta Villerfranche, primera parada del crucero, fue algo, como lo diría... movida.
Nosotros subimos en Barcelona, en lugar de Valencia, por falta de disponibilidad de cabinas en la cercana capital. Lo del robo de la cartera no fue más que una anécdota (el jaleo me viene esta semana, cuando tenga que recuperar DNI, carnet de conducir y demás...), pero el meneo del barco me dejó KO en un rato. De echo, me tuve que ir a dormir pronto, después de cenar, para no soltar la cena por ahí.
El resto del viaje, en cambio, fue fantástico.
Tranquilidad, nada de movimientos raros ni oleajes extraños.
Primera visita: Mónaco/Montecarlo.
Fondeamos en Villefranche y llegamos hasta la costa en lanchas. Divertido y original, desde luego.
De ahí, entramos en un mundo marciano, raro y exclusivísimo. Pasamos por delante de las casas de verano de Elton John, Tina Turner, Sting, Bill Gates... Y no se de cuantos ricachos más.
Pero Montecarlo ya era la leche. Estaba tan límpio que daba reparo hasta pisar el suelo.
Caminamos por el mítico circuito urbano, vimos la Curva Peligrosa, subimos (y entramos) en el Casino, nos fotografiamos con los Rolls, los Masserattis, los Ferraris... Una pasada. Una manera de vivir que no soñamos aquí.
Vamos, que los que fardan de cochazo por aquí son basurilla al lado de esos ricos de verdad. No, que yo sepa, no vimos a ningún famoso.
O sí, vete a saber...
Curioso era también ver los desfibriladores situados en lugares estratégicos de la ciudad, por si a alguno de los ricachos les da un yuyu al salir del casino, o paseando con el Rolls. A-lu-ci-nan-te.
En fin que todo muy bonito, muy espectacular, y mañana, cuento más cositas, pero de Florencia y de Pisa.

4 comentarios:

Juanjo dijo...

Me alegro de que lo pasárais tan bien.

Un abrazo.

David Mateo dijo...

Aquí lo importante es: ¿qué te has traído de regalo?

P.J.Cifuentes dijo...

En el precio del crucero también estaba incluído el sueldo de Toni y el mío, eh?
No... en serio: me alegro de que Susana y tú lo pasaseis bien.

Ignacio dijo...

Y sí, cuando vas a un crucero te atienden de maravillas. La tripulación está especialemtne entrenada para ser servicial y amable y como tu dices, hacerte sentir como en casa pero además como cun ricachón. Es muy linda la sensacion y también el saber que todos te tratan con simpatía y calidez y que el resto de la gente que se encuentra en la misma situación de uno está muy feliz como para discutir por algo. Sé también que los Cruceros a Brasil son una delicia y se la pasa increiblemente bien. Todo depende de la calidad del servicio y las buenas instalaciones. Me encantó la parte de los Rolls, debe haber sido muy divertido estar presenciando esos autos de gran clase.
Bueno, te felicito y espero que cuentes un poco más!
Saludos
Ignacio