viernes, mayo 29, 2009

Leyendas Urbanas: hoy, sexo culpable

El sexo, una de las alegrías más satisfactorias que nos da a los seres humanos la vida, tiene un lado oscuro que provoca cierto rechazo y un alejamiento por parte de la sociedad.

Por eso, no es extraño que nos encontremos, de tanto en tanto, con leyendas urbanas dispuestas a hacernos partícipes de terribles sucesos que provoca la desmedida afición con esta tan sana y adictiva afición.

Quizás la más conocida es la que narra lo que les aconteció a una joven pareja que culminaba su noche de pasión en un coche, aislado de la ciudad en un descampado sin luz.

Allí les había conducido la velada, y mientras estaban en plena faena, algo (en algunas versiones es un gato saltando sobre el capó, en otras, un curioso o incluso un policía) provoca un gran susto en la muchacha, debido al cual, contrae los músculos de la vagina y atrapa al desafortunado chaval dentro de ella.

Gracias al teléfono móvil en unas versiones más modernas, o a la llamada del policía que les inoportuna y causa el estropicio en otras, llaman a la ambulancia y se los tienen que llevar hasta Urgencias en tan extraña postura. Allí, cuentan unos que relajan a la mujer y el hombre puede salir sin más problemas, y otros, que han de extirpar el órgano atrapado.

Una versión más bestia, pero más adecuada para atemorizar a los que va dirigida la fábula.

Cierto es que el vaginismo provoca un encogimiento de los músculos de la vagina, algo muy molesto y que puede causar un atrapamiento involuntario, y de ahí es de donde proviene este mito urbano. No hay casos registrados que certifiquen la brutal cantidad de casos que se nos comentan, y cuando los hay, no son en absoluto de la manera en que nos cuenta la leyenda.

Y no se queda aquí la cosa…

Cuenta una historia, de esas que cuentan al amigo del primo de una sobrina de la vecina del cuarto, que una amiga, casada y que estaba estupendamente con su marido, tenía un perro.

Luis (por llamarle de alguna manera), lo sacaba a pasear al parque cercano al piso todas las tardes, exactamente a las siete de la tarde. Todas, sin excepción.

Él le decía a ella que necesitaba esa horita paseando a solas con el perro para desestresarse del trabajo, para relajarse y volver a casa como nuevo y sin pensar en las responsabilidades que tenía en la oficina y que le sacaban de quicio.

Y como era realmente así, que volvía del paseo feliz y relajado, después de jugar con el animal, ella no ponía ninguna pega.

Y llegó el día en que Luis se puso malo y no pudo sacar al perro. Se encontraba mal, y era capaz de ponerse en pie. Así que se acostó, y se durmió.

Ella, viendo como el perro pedía salir, y pensando en lo triste que se pondría si no hacía su paseo diario, decidió ponerle la correa y sacarlo ella, mientras él descansaba.

Y salieron y se dirigieron hacia el parque. Pero…

Cuando faltaban unos metros para llegar a la zona verde, el animal giró una esquina y enfiló calle abajo, alejándose del parque. Extrañada, y como él no obedecía, decidió ver donde le llevaba.

Fue hasta una casa, en la que ella no había estado nunca. Se metió en el jardín de la casa, e hizo sus cosas en él, Mientras ella le recriminaba por su conducta. Al fin y al cabo, no sabía quien vivía allí ni conocía a nadie en esa calle.

En seguida, se lanzó contra la puerta y rascó, como esperando a que le abrieran. Y fue en ese momento cuando, una voz femenina, desde dentro de la casa, anunció, diciendo el nombre del perro, que ya le traía su regalo de siempre.

Abrió la puerta una mujer atractiva, vestida sólo con un breve camisón y un filete enorme en la mano.

“Toma tonto”, le dijo al perro, y alzando la vista añadió. “Cariño, ¡qué tarde has llegado h…!” Y enmudeció al ver la cara de sorprendida y alucinada de la propietaria del perro.

Una vez más, el sexo como “delito”, acompañado esta vez de una infedilidad y con el agravante de la complicidad del pobre perro, que sin querer, había destapado todo el asunto a su dueña.

Y las leyendas sobre este tema son casi inacabables, ya que no solo existen cientos de versiones de estas dos, sino que cada día aparecer alguna nueva, o reaparecen otras antiguas, ya olvidadas, con elementos nuevos que las ponen de nuevo en boca de todos.

Y es que el sexo, como siempre, mueve montañas.

Un saludín

4 comentarios:

J.E. Alamo dijo...

¿Y el de la pareja que está pegando un polvete en un paraje apartado y oyen un ruído en el techo del coche? Sale el tipo a ver qué ocurre y la chica se queda dentro esperando. El ruido se interrumpe para volver con mayor intensidad al cabo de un rato. Hasta el día siguiente en que ella se atreve a salir del coche, no ve que era la sangre de su novio, colgado de la rama de un árbol, la que hacía el sonido al caer sobre el coche.

José Miguel Vilar-Bou dijo...

Eso les pasar por no usar protección, Joe. Por lo demás sólo añadir que el sexo es bueno.

Guillem López Arnal dijo...

A parte de que somos una legión los que nos hemos quedado ciegos a base de onanismo reincidente, yo creo que tras estas leyendas se oculta la reprimida y represiva mano negra de una entidad puritana. La teoría de la conspiración llega al sexo...
Un saludo

disa dijo...

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