miércoles, junio 08, 2011

Leído: Tom Z. Stone, de Joe Alamo

Puede ser que los últimos meses hayan tenido una sobreabundancia de libros con el tema zombi como principal argumento. Desde luego, está más de moda que nunca, y aparecen muchos libros sobre los muertos resucitados. Pero por suerte, la mayoría de ellos tienen bastante interés, y la aparición de tantos títulos provoca que los autores se estrujen un poco las meninges y nos den argumentos diferentes a lo que uno se espera de una novela con zombis.
El caso de Tom Z Stone es uno de ellos. Para empezar, es una curiosa mezcla entre el género Z (si me permites llamarle así), y el más veterano género Noir, el de los detectives privados con gabardina y sombrero de toda la vida.
El protagonista, quien da título al libro, es uno de ellos. Oficina oscura, secretaria atractiva pero cínica, casos del montón, y de vez en cuando, una clienta de piernas interminables, escote generoso y labios que conducen a la perdición. Y con un caso de esos que no puede negarse a aceptar. Oscuro desde el principio, misterioso y con una amenaza velada alrededor de él.
Y Tom Z Stone se ve metido en un lío detrás de otro, mientras es secuestrado, amenazado, reñido por su amigo policía y salvado in extremis cuando iban a volarle la cabeza.
Y ahora es cuando te preguntas ¿qué pintan los zombis en todo esto? Pues en que el propio Tom es uno de ellos.
En el escenario planteado por Joe Alamo, los muertos han revivido, sí, pero con condiciones. Sólo los que fallecieron en las inmediaciones del 7 de agosto de 2012 se alzó de nuevo, y solo los que habían fallecido unas horas antes del suceso tenían suficiente cerebro para evitar volverse meros animales hambrientos de vísceras humanas. El resto, pudo rehacer su vida, más o menos, con su intelecto humano, y Tom Z. Stone, decidió hacerse private eye.
Paralelo al extraño caso que se plantea, uno que bien podría haberle caído a Sam Spade, conoceremos a las personas que le rodean y que interactuan con él. Mati, su secretaria, con la que se entiende a la perfeccción; Garrido, el inspector que se encarga de velar por los derechos de los revividos; Paco, el camarero del bar donde Tom se deja caer de vez en cuando, y que ya conocemos de otras novelas y obras del autor y una variada fauna de facinerosos y malutos que le alegran el día, o se lo estropean si deciden encañonarle.
Sabemos que no solo tocamos un mundo fantástico por el hecho de que los zombis campen por sus anchas, sino porque hay pequeños detalles en la calle que nos alertan.
La presencia de los Beatles en 2012 (vamos, que también podría ser un reboot del grupo, que capaces son), se fuma (y mucho) en todas partes (que puede ser porque haya entrado otro gobierno y haya pegado una patada a las leyes anteriores), pero la clave nos da Paco, El Piojoso, así que hay que estar atento a lo que pase con él.
Al final, el misterio resulta ser mucho más enrevesado de lo que parece al principio, pero también mucho más sencillo. El asesino es localizado, y bueno, tendrás que esperar a leer el libro para saber quien es, por qué es tan maquiavélico, y sorprenderte, como todos, de su identidad.
Yo ya estoy esperando esa continuación de la novela que Joe ha comentado que va escribir. Lo haré con un buen bourbon en la mano, mientras escucho a la Onda Big Band y leo Blacksad.

Un saludín


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