viernes, enero 15, 2010

Leyendas urbanas: hoy, Correos misteriosos


Hoy estoy muy contento… Me ha llegado un correo diciéndome que voy a recibir un cheque de unos 25.000 dólares americanos.
Así, sin hacer otra cosa que reenviar el correo que he recibido.
Parece ser que, por una apuesta que están haciendo America On Line y la empresa de electrónica INTEL para mantener el navegador Microsoft Internet Explorer se continúe alzando con el cetro de rey de los navegadores.
Y esta apuesta pasa porque Bill Gates, el omnipotente dueño y señor de Microsoft, va a compartir su fortuna conmigo. Bueno, conmigo y con todos los que reenvíen este correo.
La cosa está que el señor Gates pagará 243 dólares por cada correo reenviado. Porque, no hay que dudarlo, Microsoft rastreará cada uno de estos correos y cuando pasen dos semanas, enviará un mensaje para que le envíe yo a él mi dirección postal para que me remita el cheque por la cantidad conseguida.
Y, ojo, que si la persona a la que yo le reenviado el correo lo reenvía a su vez, me pagarán a mi 243 dólares. Un chollo, vamos.
Y como no va a ser verdad, si lo dice toda una señora abogada, que conoce perfectamente la ley, y sabe que si no se cumple, ambas tres empresas se enfrentarán a una dura demanda de miles de millones de trillones de dólares.
O sea, que tiene que ser verdad.
Verdad ha de ser también lo que le sucedió a aquella joven en el aparcamiento de un centro comercial.
Me llegó por correo electrónico, y lo dice la vecina de la prima de la persona a la que le ocurrió, por lo que la posibilidad de que se trate de una mentira es mínima.
La pobre chica salía del hipermercado, cargada con las bolsas y se dirigió hasta su coche. Allí notó que la rueda estaba pinchada, por lo que se puso algo nerviosa.
Un hombre, español, muy bien vestido y con un maletín, se acercó a ver qué ocurría.
Gentilmente, se ofreció a ayudar a la muchacha a cambiar la rueda. Enseguida, el hombre se hizo cargo de la situación y muy cortésmente, cambió la rueda a la muchacha.
Isabel Vegas de Sosas, el nombre de la persona a la que, según el correo electrónico le pasó esto, le agradeció el que le cambiara la rueda y, desde luego, le librara de haber perdido la tarde por un desagradable pinchazo.
Entonces, el hombre le pidió un favor. Se había dejado el coche aparcado en la otra punta del aparcamiento, y le estaría muy agradecido si le acercaba hasta él. Se había cansado un poco cambiando la rueda, y no le apetecía patearse todo el aparcamiento de punta a punta…
El caso es que había quedado con su socio en uno de los restaurantes del último piso, pero se había equivocado de salida después de la reunión, y había  ido a parar allí, lejos del coche.
Isabel comenzó a notar algo extraño, y recordó como el hombre había guardado el maletín en el maletero al esconder la rueda pinchada. Eso le hizo sospechar…
Así que le dijo al hombre que claro que le llevaría, pero que antes debía volver a entrar para comprar una cosa que se le había olvidado.
Al entrar, vio a un guardia de seguridad, al que contó todo lo sucedido y junto a él, volvió al coche. El hombre ya no estaba allí, pero su maletín continuaba en el maletero.
En él encontraron unas esposas, celo ancho (supongo que cinta americana, la preferida por los secuestradores para amordazar a sus víctimas. Benditas películas…), dos móviles robados, condones,  una maquinilla de afeitar desechable y una pistola de juguete que parecía de verdad.
Al examinar la cinta de vigilancia, la Guardia Civil comprobó que el hombre conocía perfectamente su situación y evitaba que se le viera la cara en todo momento.
Cuando, con ayuda de su marido repasó el neumático pinchado, se dieron cuenta de que no lo estaba. Sólo lo habían desinchado, lo que daba fe de las malas intenciones del “buen samaritano”.
Esta historia está circulando por el correo electrónico y foros de Internet, y como suele ocurrir, muchas personas la creen a pies juntillas.Y no me extraña, porque cambia de localización continuamente, y hasta de nombre (en algunas partes, Isabel se llama Amanda)
Es la magia de las Leyendas Urbanas, que con sólo un poco de publicidad, convierten a una situación tan mundana como una persona ayudando a otra en toda una película de terror.
Un saludín



1 comentario:

J.E. Alamo dijo...

Yo ya he perdido la cuenta de la cantidad de loterías, sorteos y rifas que me han tocado. Por no hablar de las herencias que me darían con solo que yo dijera síXD Lo malo es que debe haber incautos que caen :-(