martes, marzo 03, 2009

Leyendas Urbanas: Hoy, Alimentos reciclados


Hay historias que resisten en la imaginería popular como verdades absolutas, que no permiten ser rebatidas ni desmentidas por nadie.
Son rumores, leyendas urbanas, que se transmiten cada cierto tiempo por el método del boca-oreja y que quien te la transmite no admite explicación ni aclaración.
Me ocurrió el otro día, en un conocido supermercado ondense.
Una compañera de trabajo, que estaba hablando con otras personas, bajó la voz, adelantó la cabeza y soltó la perla:
Había escuchado que las empresas lácteas reciclan la leche caducada en nuevos envases.
Para demostrarlo, existía la prueba irrefutable: en la base de los briks de leche hay un numerito, del uno al cinco, que indica el número de veces que esa leche ha sido “purificado”.
Obviamente, la persona que se lo había contado era alguien de la máxima confianza y de la que difícilmente se puede desconfiar.
Mi respuesta fue clara y concisa: eso no era cierto. Se trata de una leyenda urbana que existe desde hace cuatro años y que se está distribuyendo vía correo electrónico, con una popular cadena con presentación de diapositivas incluída.
Según los datos que encontré, entre los que destacan los recogidos en el libro “Mentiras populares”, de Bruno Cardeñosa, nació en Brasil en 2005.
Según este mensaje, la leche caducada se retiraba del mercado para ser llevada de nuevo a la planta de pasteurización y vuelta a someter al proceso.
Cada vez que se reembotellaba, cambiaba el numerito de la base del envase. Así, un 1 indicaba que sólo habría sido pasteurizada una vez, un 2, dos veces y así sucesivamente hasta el 5.
El correo electrónico añadía que había de evitarse comprar botellas de leche con un número superior al 3, ya que la calidad ya era muy inferior y su valor nutritivo, casi inexistente.
La cadena de mensajes fue, como suele suceder, relanzada a través de los contactos de correo electrónico y pronto el país carioca estuvo inundado con esta información.
Alguien tradujo la presentación y la reenvió fuera del país, a diversos países del continente americano.
La cadena comenzó a extenderse y por fin, llegó a nuestro país.
El reenvío de los mensajes cumplió de sobras su cometido y casi todo usuario de Internet ha recibido el aviso una vez u otra.
Para los no usuarios, el simple comentario de un conocido ha funcionado del mismo modo y ha sido creído y vuelto a poner en circulación.
No sólo eso. Como suele ser habitual, algún medio de comunicación, haciendo gala de la falta de profesionalidad que tanto prolifera en la actualidad, han dado por cierto el rumor y lo han trasladado a los titulares de informativos de televisión.
La falta de información , y el hecho de que no tenemos por qué conocer el sistema de producción de la leche, ayuda a que se crean este tipo de avisos.
Pero el caso es que desde la empresa que fabrica los envases de la leche, Tetra Pack, han salido al paso del asunto y lanzaron un comunicado desmintiendo todo el asunto.
Y es que, por pura lógica, es fácil desmontarlo.
Para empezar, es prácticamente inviable reunir en un mismo contenedor todos los envases con el mismo número. Haría falta demasiado personal, y el presunto beneficio de reducción de costes deaparecería. ¿Cómo separar los envases con el 2 de los que llevan el 1 o el 3?
La respuesta está en el comunicado de la empresa Tetrapak.
En su página web hay una explicación, idéntica a la nota de prensa distribuída, en la que se explica todo.
Los envases vienen en unas enormes bobinas de material, similares a las de papel.
En cada una de ellas, hay hasta cinco filas de envases.
Al realizar el llenado de los mismos, las máquinas cortan y montan los envases, que inmediatamente después son rellenados con la leche.
Cada una de esas cinco filas van numeradas, y así se puede localizar en cual de ellas estaba el envase.
De esta manera, hay un control de calidad de cada uno de ellos y se puede determinar de qué bobina y de que fila de la misma se ha sacado cada envase.
Como se puede ver, la realidad es mucho más sencilla de lo que puede parecer…
Es curioso como esta leyenda se ha extendido a otros productos lácteos, como los yogures. Para estos, se dice que se retiran y se cambian las tapas con fechas de caducidad cortas con otras con las mismas más largas.
El origen reside en la costumbre que tienen ciertas compañías de retirar ellos mismos su producto a punto de caducar y a reponerlo en persona, en lugar de permitir hacerlo al personal del supermercado. Un control de calidad que les puede costar más de un malentendido…
Un saludín

2 comentarios:

PACO PEÑA dijo...

Hay que ver como la imaginación puede llegar a montar una pelicula en segundos,muy interesante esta leyenda,tampoco la conocia,nunca te acostaras sin saber una cosa mas.Saludetes.

Paco Peña Martinez

Yliria dijo...

Os animo a que dejéis caducar un litro de leche y ver que pasa; os animo, también, a que hirváis esa leche y, por supuesto, la probéis.