jueves, septiembre 25, 2008

Leyendas Urbanas: Hoy, transplantes clandestinos


La historia tiene muchos escenarios, pero la situación se repite en todas las historias con muy pocas variantes.
El protagonista es un hombre que sale sólo a tomar alguna copa. Unas veces es un comercial, otras, un profesional en un congreso. De todas maneras, siempre es un hombre solitario en busca de emociones para pasar la noche.
El hombre encuentra a una mujer joven, guapa y atractiva y decide entablar conversación con ella. Como suele pasar, la charla da paso a otras actitudes y una habitación de hotel sustituye el bar.
La cosa comienza a calentarse, y es entonces cuando el hombre nota como la cabeza se le nubla y cae en un profundo sueño. Despierta, confundido, y se encuentra sumergido en agua fría, con cubitos de hielo, en la bañera de la habitación.
Dolorido, intenta incorporarse, y cuando se acerca al espejo, comprueba con horror que su costado presenta un terrible corte fresco. También ve una nota que le pone: “Si quieres vivir, llama al 911”.
Cuando llegan los servicios médicos se comprueba que el sujeto ha sido víctima de una mafia de tráfico de órganos y su riñón ha desaparecido, rumbo al tórax de algún comprador necesitado.
Obviamente, y por más de un motivo, esta historia, repetida hasta la saciedad y plasmada en varios medios de comunicación “serios”, es una simple y común leyenda urbana.
Los mismos elementos de la misma ya la delatan: cualquiera que haya sufrido una operación, por simple que sea, sabe lo que cuesta recuperarse de una intervención quirúrgica. Una extirpación de un riñón no es, precisamente, una operación sencilla.
Es necesario un equipo muy complejo, unos profesionales extremadamente hábiles y experimentados y un lugar totalmente aséptico, si se quiere que el donante sobreviva.
Una habitación de hotel, con una cama y una bañera con hielo no sirve, de ninguna manera, para realizar la intervención. Y mucho menos, para asegurar las óptimas condiciones de conservación del órgano.
Tampoco parece que sea muy lógico que un grupo de personas lo suficientemente sanguinarias para extraer un riñón de cualquiera deje vivo al donante, no aproveche el resto de órganos y además, le deje una notita con el número de urgencias.
¡Qué criminales tan considerados, ¿no?!
La triste realidad nos demuestra que sí existen bandas que trafican con órganos humanos, pero son obtenidos a cambio de dinero (una miseria, realmente) entre habitantes de países pobres. También es posible que se haya cometido algún crimen para conseguir esos órganos, algo sin confirmar oficialmente.
Pero lo que no ocurre, en ningún caso, es lo que acabo de relatar, por mucho que se repita, por muchas versión que escuches o por mucho que tu amigo o amiga te jure o perjure que lo ha visto en la tele o escuchado en la radio.
El origen de esta leyenda parte de dos premisas muy comunes: por un lado, el terror que inspiran las organizaciones criminales en las sombras y por otro, la moraleja de que no hay que buscar compañía sexual fuera de casa, porque te pueden ocurrir cosas extrañas y terribles si lo haces.
Con esta última función hay centenares de leyendas, incluyendo aquella tan famosa del “Club del Sida”, y que ocupará en breve un espacio en esta sección.
Un saludin

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