domingo, agosto 24, 2008

Vacaciones en Francia: Segunda etapa, Normandía

Tras un día intenso en Saint Michel y Saint Malò, nos pusimos otra vez en marcha para dirigirnos a uno de los destinos del viaje que más interés tenía en visitar: las costas de Normandía.
Allí, en junio de 1944 tuvo lugar el desembarco más bestia de todas las guerras habidas hasta el momento, el famoso Desembarco de Normandía.
Como no teníamos muy claro que ruta seguir, decidimos acercarnos a la capital Caen, para situarnos desde allí y realizar las visitas más importantes.
Nos situamos en la Oficina de Turismo, ubicada a las puertas del Castillo y nos informamos de los puntos más destacados del itinerario. Como ya esperábamos, demasiados lugares y poco tiempo...
Visita rápida al Castillo y vuelta al coche, que estaba aparcado no muy lejos. Curioso como las ciudades turísticas de Francia no están llenas ni en épocas de vacaciones.
Al acercarnos al coche, paramos en una pastelería, donde nos compramos algo para almorzar. Buenísimas todas las cosas. Los hot dogs de los niños estaban buenos, y lo que nos compramos Susana y yo, también. Las cosas del viajar suelen regalarte bien el estómago...
El Memorial de Caen es un edificio en el que se rememora toda la trágica historia de la ocupación alemana, y repasa los sucesos previos a la escalada militar y las consecuencias, con una considerable muestra de material bélico e histórico. También recorre la Guerra Fría, hasta la caída del Muro.
Interesante... e inquietante. Algunas de las fotografías ponían la carne de gallina y yo llegué a sentir asco por la manera de actúar de los nazis. Terribles imágenes.
En el edificio había también una exposición itinerante sobre el World Trade Center, con piezas originales rescatadas de los escombros. Una vez más, el vello como escarpias...
Comimos en un burguer algo cutrillo de Caen, antes de dirigirnos hacía Bayoux, una población que se encuentra en la ruta del desembarco y desde allí nos orientamos hacía Omaha Beach, la playa más importante del desembarco.
Saliendo del pueblo, nos encontramos con un museo (el primero que íbamos a ver durante la jornada), en cuyo parking habían varios vehículos blindados de la época (en concreto,tres tanques, que no supe identificar).
Llegamos a Omaha Beach y el primer alto fue en el cementerio americano de Colleville. Hay otros, de diferentes nacionalidades (canadienses, británicos, polacos y hasta alemanes), pero este destaca sobre los demás. Cosas del márketing, supongo.
Está pulcro como pocas cosas he visto. El cesped está milimétricamente cortado y las cruces se alinean de manera simétrica. A Susana le llamaron la atención, muy educadamente, eso sí, por meter el carro de Sofía por el cesped. Prohibido totalmente.
Álvaro y yo nos pusimos a hacer fotos y sacamos una buena cantidad de imágenes impresionantes. Las nubes acompañaban y el contraste entre la luminosidad del suelo y la penumbra del cielo da una luz inquietante a las fotos...
Las nubes, por cierto, nos jugaron una mala pasada, ya que descargaron toda su agua sobre nosotros, mientras nos acercábamos al coche a paso ligero. Tuvimos que refugiarnos en la sala de exposiciones (en la salida, donde nos dejó el serio guardia de seguridad) hasta que pasó, unos diez minutos después.
Cuando llegamos al coche, ya estaba el sol fuera.
Cogimos el coche y paseamos bordeando la playa, hasta un fuerte alemán, al que no accedimos por ir a ver las baterías de Longues-sur-le-mer, las únicas que se conservan más o menos intactas.
Al dirigirnos allí, una paradita en el museo local, donde un Sherman hacía compañía a un autobús de turistas, dejando una imagen más que curiosa.
Dentro, cientos de piezas rescatadas (dicen) del desembarco, cuidadas y restauradas. Vehículos, una barcaza de desembarco, armamento pesado y ligero variado, insignias y todo lo que se puede esperar en un lugar así.
Tras la visita nos acercamos a las baterías.
Una fila de bunkers alemanes, con sus cañones dispuestos a recibir a los navíos aliados se yerguen entre el cesped. Imaginar el estruendo y los nervios de ese día no es difícil.
Es una visita intensa, en la que la mente se va a 1944, al 6 de junio, cuando se produjo ese choque de dos grandes fuerzas que cambió el rumbo de la guerra.
Hay que decir que las fuerzas alemanas apostadas allí eran de la Werchmach, el ejército regular, no los asesinos de las SS. Chavales entre 18 y 23 años que vieron llegar del mar una inmensa masa de naves de guerra que les borraron del mapa en cuestión de horas. Los aliados, pues no tendrían más edad.
Cosas que trae la locura humana.
De todas maneras, es emocionante estar en un lugar con tanta historia, donde tantos sucesos recientes han sido tan importantes para el mundo tal y como lo conocemos ahora.
Después, vuelta al hotel, tras los correspondientes 300 km que nos separaban de él y a descansar para afrontar la visita a los castillos del Loira.
Un saludín
Fotos, en mi Flickr.

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