lunes, mayo 14, 2007

El caso de la boa hambrienta

Si vas a comprar una mascota exótica en la tienda, ve con ojo con el bicho que te compres. Me comentan que aquí mismo, en Onda, se ha dado un caso de esos que ponen los pelos como escarpias.

Resulta que un señor tenía una boa constrictor como mascota. Ya sabes, uno de esos bichos delgados que reptan por los suelos y van con la lengua (bífida) fuera. Pues este señor atendía a su mascota tal y como si fuera un dulce perrito, con moñerías y cuidados exquisitos, hasta el punto de que incluso dormía con ella en la misma cama (se entiende que el señor era soltero, sin compromiso y sin muchos visos de tenerlo…). Pues bien, un día descubrió que su bichito no comía, y además, hacía cosas raras. Se estiraba en la cama, mirándolo fijamente, y se quedaba rígida, justamente, en la medida que este señor tenía.

Ante el extraño comportamiento de la dulce criaturita, el señor se acercó al veterinario, que le dijo que mejor se deshacía del simpático ofidio. “Le está tomando las medidas para merendárselo”, le comentó, “así que elija: o le da pasaporte, o acaba de cena un día de estos”.

Y todo esto, aquí mismo, en Onda…

Bueno, en Onda, y en unas mil ciudades más de todo el planeta, porque este síndrome “merienda-dueños” se da mucho entre las boas constrictor que se tienen en las casa como mascota.

Lo más curioso de todo es que en ningún caso de los conocidos, se ha dado nombres ni apellidos, ni del dueño, ni del bicho (que debería tenerlo, como todo animal de compañía que se precie).

Y es que se trata, una vez más, de una popular leyenda urbana de esas que se repiten hasta la saciedad y que van y vuelven periódicamente a los corrillos de los bares, las esperas bajo el secador de las peluquerías y las colas de la charcutería.

Dicen los expertos que nació junto a la popularización de la compra de serpientes, arañas y otras curiosas mascotas, para poner el miedo en el cuerpo de quien osara adquirir semejante compañía. Y de eso hace como unos 20 años, por lo menos.

Las leyendas urbanas tienen la curiosa manía de no tener edad, de desaparecer y volver al cabo de unos años ligeramente transformadas y con elementos nuevos para hacerlas más creíbles.

Hace unos meses, era la de los chinos secuestradores. Hoy, la de la boa… Mañana, probablemente, salgan miles de arañas del tronco de Brasil que te han regalado para el día de la Madre…

Me encanta…

Un saludín

6 comentarios:

Pedro.J Cifuentes dijo...

Joer... parece una leyenda urbana... o la premisa para que se cree una leyenda urbana... o... bueno, tú ya me entiendes: la realidad en ocasiones supera a la ficción!!!

Conner Kent dijo...

joer, esa boa se parece a mi cuando voy a McDonalds, jajajaja, a parte de eso ¡¡que miedo!! joer!!

Gin dijo...

Jajaja, a mi això m'ho havien contat i jo pensava que era cert!

Que ingènua! :D

Crónicas de Sepelaci dijo...

Ingenua, no, Gin.

Es que estes histories es disfrassen molt bé.

Fins que no et fiques en el mon de les llegendes urbanes, no pots diferenciar-les de la realitat.

Clar que hi han coses "reals" que son tan extranyes com les llegendes estes.

Cosas de la vida esta...

Un saludín

Mariluz Barrera González dijo...

jajaja, al paso que vamos creo que pronto nos convertiremos en leyendas urbanas.

Quién será primero, ¿tu o yo?

;)

UN ABRAZO.

Crónicas de Sepelaci dijo...

Las damss, siempre primero, mi querida amiga... :-D

Prefiero perderme en la neblina de lo posible pero improbable.

Por cierto, que el viernes, una vieja amiga me discutía a muerte que todo era verdad. Las leyendas urbanas no serían lo mismo si no creyeramos en ellas de vez en cuando.

Fascinante...

Un saludín