domingo, abril 08, 2007

Visita al museo Príncipe Felipe de Valencia...

Es triste, pero cierto.
Hoy he estado en la Ciutat de les Arts i les Ciéncies, aprovechando el tema este de las mini-vacaciones de Semana Santa.
La idea era irse todo el finde, pero al final, hemos optado por hacer viajes relámpago a ciudades próximas y volver el mismo día.
Así que nos hemos ido a Valencia, aprovechando que en la CAC está la exposición del Titanic, y teniamos ganas de verla.
La primera, como se viene diciendo, en la frente.
Toda la noche lloviendo, tronando e incluso pedreando, por lo que ya sales de casa algo intranquilo. Efectivamente, la autopista, que por cierto, está que da pena por los baches, está inundada, los coches tiran agua a los que van detrás y los camiones, no digamos. No llueve, sino que diluvia.
Llegamos a Valencia y nos perdemos.
Sí señor, me equivoco de salida y acabo en no-sé-qué-pueblo, pero me sitúo y en cinco minutos aparco el coche en el Centro Comercial El Saler y nos vamos a recoger las entradas. Por suerte, todavía no hay mucha gente y lo consigo en tiempo record: menos de diez minutos.
Visita a la expo del Titanic, que está en el Umbracle. Interesante, y entretenida. Sobre todo para mí.
Mi mp3 acaba con la pila, y tengo que retroceder cinco salas para cambiar la pila. Cuando vuelvo, se le termina la batería al de Álvaro, y entonces, son siete las que me toca volver a recorrer. Y cojeando...
Bueno, objetos originales, muchas reproducciones y fotos de la época de pasajeros, botadura y demás. No está mal, si te interesa el tema, así que sí, la recomiendo.
Después, a eso de la una del mediodía, nos dirigimos a L'Hemisfèric, el cine IMAX del complejo. No había estado antes, porque los peques eran muy peques, y desde luego, impresiona. Tanto, que Claudia no ha soportado la películas (del Titanic, para completar tour), y se ha refugiado en los brazos de su mamá. El resto hemos disfrutado de la experiencia de ver una película en formato IMAX Dome, es decir, proyectada directamente sobre la cúpula blanca que es el propio edificio. Al entrar y verlo todo tan blanco, y con el efecto que crea la forma esférica de la estancia, llega a marear. La película, también.
Es una sensación extraña, aunque una vez tus sentidos se acostumbran, lo disfrutas intensamente. Le comentaba a Isabel que una película del estilo Alien, o The Host en ese formato tiene que ser brutal...
Después, comida.
Y qué comida...
Los restaurantes del centro comercial, petados. Llenos. Con colas de dos horas.
Así que nos hemos ido a Carrefour, en el mismo edificio, y hemos comprado platos preparados y fiambres, que hemos degustado en un banco de El Saler.
Vale, parecíamos unos paletos de acampada en mitad de las tiendas pijas, pero leñe, que bien hemos comido. Barato, bien y sin hacer colas.
Después, con el sol cascando de lo lindo (a ver quien me lo explica...), hemos entrado al Museo.
De los Horrores, diría yo.
Mira que un Museo de esas características es bonito e interesante. Recuerdo lo bien que lo pasamos en el de Lisboa, y todavía duele más.
Los juegos prácticos están todos destrozados. El generador manual no tiene bombilla para comprobar que funciona; la máquina de retardar la voz tiene dos micros, pero sólo una de las posiciones tiene auriculares; pantallas apagadas, juegos inutilizados, suciedad, falta de mantenimiento.
Un desastre, vamos.
Por suerte, hay un par de exposiciones nuevas, que todavía no han tenido tiempo de estropearse, y se disfrutan bien.
En general, y lo apunté a la hora de hacer las reservas, que lo graban, le falta mantenimiento a unas instalaciones que deberían ser un orgullo para los valencia... perdón, para los habitantes de las tres provincias de la Comunidad Valenciana, pero que nos pone la cara roja de vergüenza por lo chabacano y cutre que parece.
En fin, espero que cuando vuelva al Oceanogràfic, por lo menos, esté visitable.
Un saludín

1 comentario:

Conner Kent dijo...

Bueno, lo de perderse por los pueblos y tal está bien :) sino luego que cuentas del viaje? ahora lo del museo... parece mentira... supongo que rellenaste alguna que otra hoja de reclamaciones.