
No, no busques chistes de gangosos, de gordos ni el de Mistetas (el mejor chiste del mundo, como refrenda la opinión de numerosos expertos).
Hoy, los humoristas de “a pelo” han evolucionado, se han convertido en una raza, presuntamente superior, que provocan la risa con mecanismos semejantes a sus antecesores, pero con sutiles diferencias.
Ahora continúan contando chistes, pero ya no los protagonizan Jaimito y su tropa, ni una pareja practicando la caidita de Roma (¡Jarllllllllll!), sino que los protagonistas de sus chistes somos todos nosotros.
Incluso han cambiado el tradicional “El saben aquel que diu…” por un “¿Se han dado cuenta de que…?”
Sí, sus chistes han ganado duración, se han estirado hasta lo indecible, e intentan llegar, como siempre, al punto álgido de nuestra risa, para liberarla y hacernos pasar un buen rato. La diferencia es que antes, uno se reía de lo que le pasaba a un tipo concreto de persona, unas veces sin maldad, y otras, con mucha mala leche metida en el chiste.
Ahora, nos reímos de nosotros mismos. Sí, porque lo que antes eran “chistes”, hoy se han convertido en “monólogos”, largas charlas unipersonales en las que el humorista (actores, se llaman ahora) se dedica a enseñar a un público entregado las miserias, fallos y manías que tenemos las personas.
Y oye, que la cosa no está mal. La ojeriza contra tal o cual sector de la humanidad, que tanto nos ha hecho reir en el pasado se vuelve, cruelmente, contra nosotros mismos. El actor monologuista es capaz de hacernos entender que esas cosas que hacemos habitualmente, que son parte de nuestra vida diaria, no son más que manías sin sentido, una vez las miras desde fuera.
Te dan la posibilidad de comprender que no eres tan listo como crees, y que esas cosas a las que tanta importancia les das, no sirven más que para que los demás piensen que te falta algo en la cabeza.
Tipos como Quequé, Luis Piedrahita, Agustín Jiménez, Eva Hache, y cienes y cienes de actores dan un repaso a lo cotidiano y lo despedazan, con la única arma de decirlo en voz alta, bien clarito, para que lo tengamos en cuenta. Y lo más grave, nos gusta que lo hagan.
Un saludín
Comentarios
Yo aun no me explico para qué narices se inventó la vergüenza.
Saludos.
;P
La vida del profesional del humor, del chistoso setentero, se merece un reconocimiento... incluso con tipos tan absurdos como los Hermanos Calatrava y compañía... ¡no estaban tan mal!
UN BESO.
Me parece un humor más inteligente, lo cual es bueno.
Conner: lo bueno de los monólogos es su duración. Normalmente, siempre hay un tramo que te hace grácia, aunque no te partas. También es cierto que un chiste bien contado es impagable. Pero los chisteros tienen, como todo artista, un estilo tan definido, que te ríes por como lo cuenta, no por el chiste.
Mariluz: te tendrías que escuchar unos cuantos dedicados a españoles, contados por españoles... No hay nada más cruel con alguien, que ese alguien mismo.
Pucela: bienhallado, monztruo. Lo del humor inteligente... como todo, depende del que lo haga, no lo que sea.
De hecho, hay quien me ha comentado que estas entradas, y los artículos del Arrels, son muy, muy parecidos a lo que podríamos llamar "monólogos".
Un saludín
Tal como yo lo veo, de monólogos nada: tus artículos estarían geniales editados juntitos en un libro. El estilo que tienes es deudor de maestros como don Juan Antonio Cebrián: didáctico, entretenido, bien escrito, y sobretodo, interesante.
Cuando uno se pone a leer alguno de tus post descubre a un padre de familia que cuenta con la misma capacidad de sorprenderse que sus dos hijos (bueno, casi tres): se emociona con buenos libros, flipa con estatuas de Mazinger, nos recomienda comics, habla de vivencias personales que encierran enseñanzas... en definitiva: nos hace reflexionar sobre las pequeñas lucecillas que todos tenemos en nuestro día a día, brillando tan cerca de nosotros que apenas nos damos cuenta.
Sigue así Victor. Hazlo por todos lo que leemos tu blog.
PS. Si no puedo publicar este post tiro la toalla: paso de seguir peloteándote que al final te lo creeras y todo.
En fin, que poco a poco iré poniéndome al día con tu web. La palabra de Cifu para mí va a misa...au revoir!