jueves, marzo 08, 2007

Cine, cine, cine...

Publicado en Arrels 20

Bueno, ya han llegado los grandes premios del cine, y ya han pasado. Los nombres de los ganadores, los que, supongo, esperabas, y las sorpresas, como siempre, las mínimas. Y es que en una industria tan consolidada y estandarizada como la estadounidense, difícil es no verlas venir.

El cine estadounidense está creado para gustar, para que los espectadores vibren, se emocionen y sus pulsaciones se aceleren o ralenticen mediante una medida y más que estudiada orquestación de lo que se ve en pantalla.

Y, por mucho que nos digan los sesudos críticos, los sibaritas de la imagen o los agoreros, eso es, precisamente, lo que nos gusta.

Basta mirar las cifras de recaudación de esas películas tan malas para poder comprobar que lo que la mayoría de la gente busca en la iluminada pantalla blanca del multicine es evasión, ocio y entretenimiento. Oye, que para calentarte la cabeza, para sufrir con la vida real de unos personajes como los que viven en tu pueblo, pues casi que te ahorras el pastizal que cuesta ir al cine y te asomas a la ventana, que seguro que es bastante más emocionante que lo que te puedan enseñar en ese otro cine.

Sí, sí. El que se hace en España.

Ese que está agonizante, que no consigue atraer al gran público a las salas donde se proyecta y que está convirtiendo a los grandes creadores, creativos y genios de la ¿industria? española del celuloide en seres arruinados, pobretones y que, sobre todo, no tienen el reconocimiento social y económico que quieren.

Y es que el cine español, señores, no vende. No gusta. No sirve.

Las películas apenas aguantan dos semanas en cartel, para desesperación de los que gustan de estas cintas. Y eso, si tienen la suerte de ser estrenadas, y si lo son, si consiguen salir de los circuitos cerrados de Madrid, Barcelona y alguna que otra ciudad más.

Y, en mi opinión, van más que servidos, la verdad.

La culpa de esta situación la tienen, dicen, las películas americanas, que son las que copan casi toda las pantallas y salas existentes en nuestro país. Son esos bodrios los que no permiten que las nobles, altas e interesantísimas películas españolas no puedan exhibirse, no sean objeto del deseo lujurioso de la masa espectadora.

La cosa es que, sin la memoria no me engaña, yo suelo ir al cine cuando la película que pasan me interesa, me resulta agradable, o simplemente, me atrae el título. Es cierto que alguna que otra vez he salido horrorizado del cine tras haber sido golpeado por algún film intragable, aunque de entrada pareciera lo que andaba buscando. Pero he entrado, he pagado mi entrada y las palomitas y la Coke. Que es de lo que se trata, por si alguien todavía no se ha enterado.

El cine español, que no es malo per se (que no va por ahí la crítica, tranquilo), adolece de una completa falta de conocimiento sobre el público que acude al cine. Ese que debería pagar por ver una historia que valiese los seis euros que cuesta pasar un rato sentado en la butaca. De nada sirve insultar al público que es el que te da de comer (o al menos, te permite obtener ese pedazo de subvención para pagarte los vicios, señor director). Si la gente quiere ver tiros, poceros convertidos en astronautas, tipos entrajados controlando el paso de aliens, tipos con los calzoncillos por fuera volando por los cielos o niños tan insoportables que hasta los padres se los dejan solos en casa, y encima, paga por verlos, no te quejes si no van a ver esa obra de arte que has filmado con dinero público y cuyo guión has escrito, y a lo peor, hasta protagonizado.

Nadie tiene la culpa de que la gente no quiera ver lo que ofreces, sufrido productor. Bueno, alguien sí la tiene. Tú.

Sin entrar a valorar la calidad de las películas que consiguen ver la luz, sin querer comparar técnicamente, si no das al público lo que quiere, no te quejes si este no responde. Es tan sencillo como eso.

Y la culpa no la tiene ni los americanos, ni el público ni la piratería (¡Ja!)

Menos prepotencia, amigos, y más acercarse a quien importa. Otro gallo nos cantará.

Un saludín

1 comentario:

Queco dijo...

¡Cierto! Aunque, además, el cine español tiene que cuando hace una película interesante, tampoco se sabe vender.
Si hay algo peor que el cine español, son los trailers del cine español. Te quitan las ganas de ver cualquier película.