miércoles, agosto 23, 2006

RECUERDO CUANDO...

Sí, hoy toca una batallita del abuelo Cebolleta (seguro que la mayoría de los lectores de este vuestro blog ni siquiera sabeis de donde procede esta expresión... e incluso es posible que yo ande equivocado...)
El caso es que en el blog Tuexperto.com, obra de los chicos que llevan el interesantísimo programa SER DIGITAL de adivina-qué-emisora, he encontrado el enlace de alto que ha avivado mi más lejana memoria infantil (oye, tampoco tan lejana, ¿eh?. No nos vayamos poniendo más años de los tocan, ¿vale?).
Recuerdo una mañana de Navidad, allá por el año... milnovecientosochentaypocos, me levanté temprano, como es natural, y me fui a la cocina, como quien no quiere la cosa, a "beber". El que el comedor, donde Papa Noel dejaba los regalos estuviera entre mi habitación y la cocina no tuvo, por supuesto, nada que ver.
Sobre la tele en blanco y negro del comedor, la que teníamos de "segunda", tras la compra de la flamante ITT de 25 pulgadas, me encontré una cajita blanca, que vaya usted a saber que era, y una pistola negra de plástico.
Comprobé la pistola, y me percaté que tenía, justo en el extremo de la culata, un cable que llegaba hasta la cajita blanca.
Antes de que pudiera investigar más, la voz de mi madre me devolvió con prisas a la cama, no se fuera a despertar mi hermano pequeño.
Unas horas después, descubrí con alborozo que la cajita blanca era, cosa que no me esperaba ni tenía ni idea de que existiera, ¡¡un video juego!!. Si, amigos, una consola de video juegos casera, para jugar en la pantalla de mi tele, cuando los videojuegos eran cosa de enormes máquinas que vivían en los bares y los gráficos no se parecián en nada a ... bueno, a nada reconocible.
Aprendí a jugar al Ping Pong, al Hockey y al Frontenis virtual. En realidad, eran todo el mismo juego, pero variaba el número de jugadores y en el tercer caso, el equipo rival era sustituido por una pared donde rebotaba la pelota.
Era lo que hoy conocemos como el Pong!, pero que para un chaval de ... pocos años, era auténtica mágia.
Habían otras consolas, como la Atari o aquella otra, una Sony, que llevaban "cartuchos" extraíbles, pero para mí, nada podía superar aquel juego, tan sencillo y que hoy consigue engancharme igual que ayer, y que plantea la cuestión de qué es más adictivo, un mega juego mata zombies, o dos simples palotes dando golpes a una pelota...
La respuesta, si gustas, aquí
Sin necesidad de descargar ningún programa ni nada. Sólo disfrutar con algo tan simple como absorvente.
Un saludín

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