
No es que tenga vacaciones.
Al menos, no hasta la segunda quincena de agosto, claro.
Pero con los calores, y el aparatito de aire acondicionado en marcha, las tardes en que no trabajo, las suelo utilizar para ir leyendo alguno de los libros que tengo pendientes y que quiero que ir terminando.
Para comenzar, estoy con EL MARISCAL DE LAS TINIEBLAS, de mi respetado Juan Antonio Cebrián. Se trata de una biografía de Giles de Rais, el célebre mariscal francés, héroe de la Guerra de los Cien años, y guardaespaldas de la mismísma Juana de Arco. Además, ha sido uno de los más grandes y ruines asesino de masas de la historia, así que la lectura de este pasaje de la historia se está convirtiendo en un placer, por los datos que aprendo sobre la época, y por lo interesante que resulta conocer una mente tan oscura y terrible como la suya.
Y todo escrito con ese aire tan casual y cercano que tiene Cebrián, que te atrapa e introduce sin problemas en la narración de hechos históricos, que normalmente son un tostón, pero que con la pluma de Juan Antonio cobran otro significado y valor.

Siguiendo con la novela histórica, tengo LA CENA SECRETA, del siempre interesante Javier Sierra. Después de bodrios como el Código Da Vinci, será un placer dedicarse a disfrutar de una novela sobre el genio italiano huyendo de la falta de rigor del americano este, y conociendo otras fantasías sobre su trabajo, pero estas, al menos, con un trabajo minucioso de investigación.

Y luego, mi ración de Terry Prachett, del que suelen caer tres libros al año.
En fin, que se presenta un veranito completo, en lo que se refiere a la lectura. Seguro que por el camino, me cae alguno de estos, y entran un par más. Cosas de querer leer todo lo que se pone por delante...
Un saludín.
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