viernes, junio 24, 2005

CRITICAS Y CRITICOS

No hace mucho, recién terminado el Saló Internacional del Cómic de Barcelona, alguien me derivó hacia el weblog de una conocida directora de una premiada revista sobre cómics, hoy desaparecida, que reflexionaba sobre una mesa redonda, en la que participó, o a la que asistió, no recuerdo bien, en la que se trató el tema de la crítica especializada.
Decía esta señorita, apoyada por los argumentos de dos inteligentes críticos especializados, que una crítica no debía de estar supeditada a la comercialidad, sino que debía de ser un arte en sí misma, y huir de la simple nota informativa.
Vaya, menos mal que no soy crítico.
A mi modo de ver, la crítica ha de enseñar al lector lo que se va a encontrar. Pero una apreciación surgida de la experiencia personal, que es, al fin y al cabo, lo que es una crítica, debe de tener la pasión, el gusto y las sensaciones experimentadas por la persona que se atreve a recomendar (o a no hacerlo) una determinada obra.
El academicismo está bien, es interesante. Crea arte, desde luego.
Pero no hay Dios que lo entienda.
El principal arte que debe contener una crítica, es el arte de la comunicación.
Si esta parte fundamental se obvia y se convierte el texto en un galimatías con palabras bonitas, rebuscadas, de libro de texto, se embellece, claro.
Pero no la entiende nadie.
Y cuando un lector busca una crítica, está buscando un lugar donde dejarse un dinero para disfrutar.
No una lección de semántica, ni la manera en que ese crítico es tan superior, que descubre cosas en la obra que los simples mortales no somos capaces de sonsacar en el escaso tiempo que podemos dedicarle.
La crítica se ha perdido. No existe.
Se buscan argumentos ininteligibles para justificar el esfuerzo que se realiza para leer un confuso texto en el que el autor llega a perderse, y lo que es peor, a confundir a quien lo lee.
Y este crítico suele olvidarse para qué público está escribiendo e impone su criterio, que aunque él no se lo crea, no es más que una opinión personal, a todo el que lo lee.
Por suerte, yo ejerzo de reseñador, una labor mucho más sencilla, que llega al público, que transmite lo que yo sentí al leer/ver/experimentar algo que creo que vale la pena que otros conozcan.
No será arte, pero leñe, funciona.

Un saludín

1 comentario:

Queco dijo...

Eso debe explicar por qué los críticos prefieren los peñazos iraníes a las comedias hilarantes. La crítica es una pieza de arte, no un elemento de utilidad para el lector. Claro, cómo no lo había pensado. Menos mal que hay reseñadores.

Un saludo!