jueves, noviembre 04, 2004

EL ALMUERZO Y EL PASACALLE

El almuerzo de Fira reúne a los miembros de las peñas, al menos, a los que todavía quedan despiertos y con fuerzas, alrededor de la mesa. Sobre las nueve y media o las diez, comienzan a llenarse los bares, restaurantes y casales con los hambrientos comensales, que nos metemos entre pecho y espalda comidas que irían bien a eso de las dos de la tarde, pero que la tradición, esa curiosa manera de argumentar costumbres estúpidas, ordena comer a esas horas.
Este año no he disfrutado yo de este placer. Claudia cumplió su primer año, y decidimos, en lugar de una merienda o cena, celebrarlo con una comida.
Vamos, que almozamos en cantidad, a una hora lógica, en lugar de la hora intempestiva a la que se ha de hacer.
Tras el almuerzo, comienza de nuevo la fiesta. Quizás sea el momento más importante de la Fira, después del acto de la Cridà. Si aquel da el pistoletazo de salida a las fiestas, el Pasacalle las culmina.
Decenas de peñas se reúnen en el Plà, esperando la señal para desfilar, no con demasiado orden ni estilo, llenando con el color de sus "uniformes de campaña" el centro de la villa. Miles de personas se agolpan en los cadafales para verlos pasar, unos aburridos por la costumbre, otros maravillados por la novedad, y los más, saludando a conocidos, hijos, sobrinos y padres, que con la botella, o la bota, te invitan a disfrutar, más, de los exóticos brebajes que contienen. Ojo, que igual te puedes encontrar en el "biberón" una simple fanta, como una extraña mezcla de licores.
Sí, quizás se peque de beber demasiado en estas fiestas, pero que le vamos a hacer, estamos en esta nuestra España de los excesos...
La música y los gritos y cánticos llenan de vida el recinto festivo. Es la fiesta, sin orden ni control, pero afortunadamente, con conocimiento.
El pasacalle nació hace unos 30 años, cuando habían prohibido el toro embolado. Una peña salió detrás de las autoridades para protestar, durante la ofrenda a la Virgen, que se celebraba el sábado en lugar del lunes.
El primer año fue un desmadre, con detenidos en el cuartelillo de la Guardia Civil, cuentan los veteranos. El segundo fue algo más light, pero con más gente. Y así, hasta llegar a ser un elemento más de la fiesta. Curioso, como un acto reinvidicativo se convierte en algo festivo.
El caso es que tras participar activamente en el mismo, ahora, desde la barrera, queda algo deslucido...
Las peñas de jovenes son cada vez más de jovenes, desde los 13-14 años, y claro, los más veteranos, los de la generación festera de los 80, han de ir con más cuidado (aunque, sinceramente, tampoco están para muchos trotes...)
Por suerte, la cantidad de peñas que participan hacen que sea un espectáculo entretenido, y variado.
Cerrando el pasacalle, está la Banda de la Unión Musical Santa Cecilia, formada por jovenes que también han estado de fiesta toda la noche. Aunque no cobran por su trabajo, y se dejan la piel en el pellejo por ello, se portan como los profesionales que son y dan lo que tienen que dar en el Pasacalle.
Y una vez terminado el pasacalle, los más se retiran a descansar, algunos solemos ir al Casa Luis, bar típico de pueblo, donde es mejor no mirar la limpieza, pero donde se hacen unas tapas (nada de mostrador. Hechas al momento) que son de infarto, y donde acabas reuniendote con la mayoría de tus amigos, que van pasando poco a poco por allí.
En mi caso, comida a base de tapas en casa, con la familia (la que ha podido venir), y con algún que otro amigo.
Por la tarde, toros.
Y eso, es material para otro post...

Un saludín.

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