Mis problemas con el crowdfunding

Hace tiempo que no me paso por este humilde blog, ese que creé hace varios años para dar rienda suelta a mis pensamientos y dejarlos patentes en estas entradas que no pretenden sentar cátedra. No, son solo divagaciones una persona que tiene bastantes cosas en la cabeza y que de vez en cuando aparecen por la red esta. La que antes de llamaba "red de redes".

Bueno, que en fin, que me ha dado por divagar un poco y se me ha ocurrido hablar de algo que está muy de moda en el mundillo editorial y que está creando bastante controversia. Hablemos, pues, del crowdfunding.

Primero vamos a aclarar lo que es el crowdfunding, que no es, como dice Iván Sarnago, la acción de fundir cuervos. Se trata de una campaña de micromecenazgo para dar forma y hacer realidad un determinado proyecto. Muchas personas aportan un pequeño capital para financiar el proyecto y reciben varias recompensas según el grado de implicación y aportación efectuada.

Normalmente, esa recompensa parte del propio proyecto: un ejemplar del disco, libro, lo-que-sea. Además, se puede aderezar con ilustraciones realizadas expresamente para la campaña, algún ejemplar extra, un beso marcado en una hoja de papel, cualquier cosa.

Y todo esto se tramita a través de una plataforma creada para ello. Hay muchas. En España funciona, por ejemplo, Verkami. Allí encontrarás muchos ejemplos de esto. Pero hay bastantes más.

Es una herramienta fantástica y permite que muchos proyectos que no encuentran su camino en el mercado tradicional puedan ver la luz. Y eso es fantástico. El problema llega cuando se utiliza de manera incorrecta y comienzan a aparecer en las plataformas personas que no conocen bien su funcionamiento y se produce una saturación.

No es nada nuevo. Ocurre siempre  con las nuevas herramientas. Hay que pasar por un proceso en el que las personas que no lo utilizan correctamente (o que, por algún motivo, no consiguen que funcione) lo vayan dejando y se quede en uso para quien sí saca un correcto rendimiento de esta herramienta.

Hay incluso editoriales comerciales que lo utilizan para establecer unos mínimos para conseguir sacar un producto que igual venderían, pero que ya sacan amortizado y destinado para un público muy concreto. 

Por este motivo, no se puede decir que sea una mala manera de introducir títulos en el mercado. Pero, en ocasiones, encontramos que hay productos que han surgido del micromecenazgo (me gusta más llamarlo así) que no cumple con las mínimas condiciones de publicación. Tampoco es nada nuevo. Al fin y al cabo, se trata de autoediciones, algo bastante común gracias al abaratamiento de las imprentas.

Portada de la sección de cómics de Verkami

Libros que no han pasado correcciones, que carecen de un mínimo trabajo editorial profesional detrás, ediciones excesivamente caras, con papel no adecuado o fallos de maquetación en el acabado final y un largo etcétera. 

La principal razón de tirar por el micromecenazgo es porque los canales tradicionales no admiten ese producto y el autor quiere darle forma y lanzarlo al mercado. O que llegue a sus amigos y tenga una oportunidad.

La otra razón es que pueda conseguir una justa retribución por su trabajo. A nadie se le escapa que lo que se paga en el mundo editorial es... bueno, ya sabéis cómo es. Pero conseguir esa retribución no quita la inversión que se ha de realizar en un buen tratamiento editorial. Parte de ese dinero, y no es precisamente una parte pequeña, ha de ir destinada a editar esa obra.

Necesariamente, ha de pasar por un proceso editorial, por corrección, por una selección de papel (estoy hablando de edición en papel de libros y cómics, obviamente, pero puedes sustituirlo por cualquier otra cosa) y hacer todo lo que hace (o debería hacer) una editorial tradicional. Obviar esos pasos puede llevar a presentar un producto que no tenga la calidad adecuada.

Y si a las editoriales profesionales se les pasan muchas cosas y hay muchos errores que acaban llegando a las librerías, imaginad a una persona que no conoce el mercado. Y en ese caso, el porcentaje para el autor cae, porque la alternativa es elevar mucho el coste del micromecenazgo y que la gente no aporte.

No voy a hablar de otros elementos que influyen en el desarrollo de campaña. Todos hemos visto como proyectos previstos para una fecha concreta se alargan en el tiempo. Y no, no suele ser por mala fe y para quedarse con el dinero sin más. Suele ser por una mala planificación, por imprevistos de esos que te sobrevienen cuando menos te lo esperas y por mil motivos más.

El resultado de una campaña de micromecenazgo que obtiene 50 aportaciones no es comercial. Es algo para amigos, para seguidores, para ediciones especiales. Y eso está bien. Pero no nos podemos permitir el lujo de creer que una edición creada para un crowdfunding tenga el recorrido comercial. El número de ejemplares vendidos se ciñe a la campaña.

Aunque se hagan más ejemplares de los vendidos en ella, no hay canales de distribución. Además, el precio del ejemplar suele ser alto, porque se ha diseñado para ese fin concreto. A nadie le importa pagar un precio X por un cómic si va acompañado de una dedicatoria en la que el autor ha volcado tiempo y cariño.

Pero comprar ese mismo cómic por esa cantidad en una librería, sin más... Habiendo otro material más asequible y con mejor calidad (el trabajo editorial...), eso es más complicado. 

Tengo muchos sentimientos encontrados en torno al crowdfunding, desde luego. Por un lado veo que es una magnífica herramienta que muchos usuarios están manejando muy bien y veo que otras personas lo hacen no tan bien y que eso crea confusión en quien aporta o querría aportar. El caso de Jordi Bayarri, autor de la Colección Científicos, es uno de los primeros. 

Colección Científicos de Jordi Bayarri, un caso de exito

Durante varios años está creando un nuevo tomo de esta serie, que somete a una campaña de la plataforma de micromecenazgo, siempre con éxito. Y lo que cada mecenas recibe es justo lo que espera. Una edición correcta, con las recompensas elegidas y en las condiciones pactadas.

Como ya he dicho, será el tiempo el que valide los proyectos que se ofrecen por este sistema de financiación y posiblemente, los proyectos que cumplan sus objetivos sean los que ofrecen la calidad que demandan los mecenas.

No me cierro a la posibilidad de utilizar el micromecenazgo en algún proyecto propio, pero desde luego, antes de meterme tendré que estudiarlo bien porque lo importante no es solo lo que puede obtener el autor, sino lo que debe recibir quien aporte. Mundo complejo, ¿eh?









Comentarios

Sergio Bleda ha dicho que…
No estoy de acuerdo en prácticamente nada de lo que dices. Para empezar autores como Jordi Bayarri, Pau o yo mismo seguramente no podríamos vivir de crear nuestros cómics si no fuera por este sistema. Hubiera tenido que irme a hacer publicidad o de cajero en un mercadona. O buscarme la vida en editoriales extranjeras dibujando guiones impuestos. Las obras que realizamos no existirían sin el crowdfunding. Jamás se habrían escrito ni dibujado. Y respecto al tema de que hay mucha chapuza a la hora de etitar, maquetar etc., pues si, claro que la hay. Pero en la edición convencional también pasa. Mira el tomo de Scalped de lujo que vale una pasta y tiene una impresión de mierda.
¿Qué luego no se distribuyen mejor? Pues no. Porque la distribuidora se queda un dineral. Ya me gustaría a mi distribuir mejor. Pero hago lo que puedo con los medios que tengo a mi alcance. De todos modos te diré que con o sin distribuidora vendo el mismo número de ejemplares. He trabajado con muchas editoriales españolas que tenían buena distribución y yo solito he vendido los mismos ejemplares de mis obras que vendí en su momento con ellos. A veces incluso más. Entiendo que te puedas haber sentido decepcionado con algún (o varios) crowdfundings. Muy bien. Critícalos. Pero artículos como este nos meten a todos en el mismo saco y no es justo. Personalmente trato de que mi obra salga de la mejor manera posible. A veces la cago, como con el gramaje del papel de REDES.
Ahí pagué la novatada. Pero el siguiente crowdfunding #FetishBrush mejoré eso. Nadie nace sabiendo y artículos como este no ayudan, la verdad.
Los autores independientes necesitamos el apoyo que muchos dais a grandes empresas y multinacionales, no palos en las ruedas.
Víctor Alós ha dicho que…
Sérgio, indudablemente. Como digo en el artículo el crowdfunding es una herramienta. Y una buena herramienta. Y hay autores que la utilizáis correctamente. Pero muchos otros no. También es una herramienta más endogámica que el propio mercado tradicional. No te lo tomes como algo personal, que no lo es.
En el artículo se habla en general y en general, la producción es bastante extensa y muchos proyectos no reúnen las condiciones que se deben exigir. Sabes perfectamente que soy mecenas de tus proyectos, porque me gustan y se ajustan a lo que pido. Hay muchos más proyectos que no cumplen esos requisitos, más allá de problemas puntuales.
El artículo sirve para reflexionar sobre si está utilizando bien o mal la herramienta EN GENERAL y solo he utilizado un ejemplo de buen uso porque es el que me ha venido bien usar. No he puesto ninguno de los otros, porque no es de recibo que ofrezca mi opinión en negativo sobre proyectos que YO no veo bien realizados.
Cada uno hace lo que quiera con su obra. Yo solo uso MI opinión, que para eso la tengo. La tuya difiere de la mía (¡Cómo en tantas otras cosas!), pero eso no es ni una falta de respeto ni la entiendo como ataque personal. Que para eso está el debate. Y pronto, con cervezas y bravas, leñe.
Un saludín