domingo, mayo 10, 2015

Me enfrento a un retiro... ¿temporal?


Durante varios años, he estado moviéndome para conseguir crear algún tipo de movimiento cultural. No me refiero a levantar de la nada un estilo, ni nada parecido. Mi intención ha sido siempre moverme junto a amigos y compañeros en esto de la creación de cosas interesantes, crear jornadas, establecer costumbres literarias, montar saraos varios...

El resultado ha sido, tal y como esperaba, tan penoso como siempre lo ha sido. El arte, la cultura, no vende ni interesa a la gente de la manera en que uno espera. La apatía imperante en nuestra sociedad es tal que cuando montas unas jornadas, las personas a las que van dirigidas prefieren estar en una cafetería jugando a las cartas que asistiendo a las proyecciones o charlas que has organizado. Luego, claro, no faltan las palmaditas en la espalda y el "a ver cuando montas otra".

También quise lanzarme, desde la modestia y el más completo presupuesto 0, al mundo de la edición. Me propuse comenzar a realizar labores de coordinación, distribución y promoción. Y nuevamente, las piedras en el camino se han convertido en montañas. Desde librerías que no quieren los libros (¡en depósito!), hasta distribuidoras que te piden un número de ejemplares enorme para un proyecto de este tipo (y sin garantía de venta), pasando por libreros que se ven obligados a echar el cierre y no pueden devolver los libros que tienen en tienda...

Luego te encuentras que los libros no venden en formato digital. Porque quien los quiere, los tiene de páginas en los que se encuentran miles de libros pirateados. Y te encuentras que todo el mundo ve bien bajarse esos libros, dando dinero a las plataformas de descargas digitales, y que mucha gente considera que un libro no es "un producto de verdad", que es un bien de tercera o cuarta y que cualquiera puede usarlo sin reconocer el trabajo de edición, maquetación y corrección. La portada, debe ser, también resulta gratis y el editor debe comerse los gastos porque "ellos tienen derecho a leerlo sin pagar".

Una cosa y otra, unidas a una situación personal un tanto complicada durante este año pasado, me ha superado. Tengo el ánimo cultural por los suelos. Encima, la tecnología no ha ayudado y tenido serios problemas para recopilar información sobre las ventas del año pasado (las ridículas ventas).

Me retiro. Nada de organizar eventos culturales, nada de promover una cultura en la que cada vez más gente se caga, con perdón de la palabra que es la que mejor representa el actual estado de la sociedad, Me voy a limitar a escribir mis artículos, los libros que me van saliendo por encargo y los relatos que de vez en cuando me roban el sueño. 

Cuando tenga material, lo presentaré a editoriales, sabiendo que posiblemente, estén en una situación similar a la mía y que lo del cobro ya se verá, si después de imprentas, distribución, gastos editoriales y los omnipresentes y castradores impuestos queda algo para repartir. La cultura no es negocio, pero es que ni siquiera es un modo de vivir la vida cultural. Espero que os vaya bien a todos los que seguís a bordo del tren, pero yo me apeo.

Nos vemos en las librerías, pero al lado de la mesa que no requiere esfuerzo. Ya no me quedan fuerzas ni animo.

viernes, mayo 01, 2015

De leyendas urbanas, hoaxes y fantasías del siglo XXI


A menudo me encuentro en Facebook con noticias de esas en las que todo el mundo cree a pies juntillas. Esas que han sido explicadas y desmentidas continuamente, pero que el subconsciente colectivo recupera una y otra vez para volver a ponerlas de moda entre el mundo internauta.

A menudo, si la publicación llega de una persona conocida, suelo poner en los comentarios el desmentido, que por tantas veces repetido no deja de ser necesario. Al menos, para sacar el error a la persona que, con toda la buena fe del mundo, cree que es real. Normalmente, esas informaciones llegan de blogs con nombres tan creíbles como "miraqueteloadverti.com", "nosestanengañando.info", "yanomiramoselcielo.com" o "conspiracionesmundialesquehayportodoslaos.com". No, no son nombre reales, pero vamos, como si lo fueran.

Invariablemente, la reacción del que publica estas cosas es sentirse ofendido y no es raro que comience a atacar a la información que se ofrece para desmontar la contranoticia. Sí, ya sé que no es agradable que te hagan saber que quizá has publicado una noticia que es falsa y que no tiene ninguna credibilidad, pero eso no hace que sea lógico insultar a quien te hace ver que lo es.

Luego llega la reacción "eso lo dirás tú". Obviamente, yo no digo nada. Hay suficiente información en la red, bien argumentada y con mayor credibilidad que trata ese tipo de noticias con la seriedad suficiente como para, como mínimo, hacerte investigar sobre el tema si realmente te resulta interesante.

Entre este tipo de noticias están las leyendas urbanas más clásicas de la historia, que resisten ahora y siempre, al paso del tiempo y que con unos pocos cambios siguen estando de pleno vigor. Otras, que llevan en sus titulares "miralo/escúchalo antes de que lo censuren" o con una hipotética intervención en un programa de radio o televisión que nadie ha escuchado jamás (el efecto Ricky Martin, vamos).

Pero da igual. Siempre hay gente "que lo sabe con certeza". Lo sabe, porque lo ha escuchado decir y lo ha leído. Quizá en las mismas páginas que nos advierten sobre el terrible dominio de los lagartijos que dominan el mundo

Las leyendas urbanas son una deliciosa manera de sentirnos en peligro continúo y todos hemos caído en unas cuantas. También hemos compartido todos una noticia falsa, el típico hoax. Se han creado para ello, para hacerse virales y que lleguen a todas partes. No hay que sentirse mal por compartirlo, pero sí que hay que tener en cuenta que si una cosa parece falsa, resulta increíble y no hay ninguna prueba seria y contundente que la confirme, lo más posible y probable es que resulte ser eso: una leyenda urbana o un hoax. (No, una foto publicada en un blog no sirve. ¿Has oído hablar de un programa llamado Photoshop?)