martes, septiembre 28, 2004

RELATO CON PREMIO (CASI)

Este microrelato quedó séptimo en el concurso que convocó la asociación NITECUENTO, hace unos meses.

Desgraciadamente, no pude ir a la entrega del librito que recogía todos los finalistas, en un acto muy emotivo, según me contaron.

Estuve un tiempo escribiendo estas pequeñas historias, e incluso comencé las conversaciones con un editor que se interesó por ellas, pero todo quedó en nada.

Otro día subiré el que me valió el segundo puesto en un concurso organizado en Argentina.

Un saludín.

EL FRANCOTIRADOR

Lucas abrió el maletín. El artefacto estaba en su sitio, esperando a que lo montara.
Cogió el cuerpo central con cuidado, casi ceremoniosamente, y lo apoyó contra su cuerpo, sintiendo el duro frío del metal y el plástico que lo recubría. Acarició suavemente su superficie, lisa y oscura, y reprimió el escalofrío de placer que le embargaba.
Amaba su trabajo.
Acopló el objetivo en su sitio, vibrando al sentir el "clack" de los topes.
El apoyo posterior, el que debía permitir a su hombro resistir el embite del su herramienta, se ajustó sin problemas, casi con un susurro.
Con cuidado, como quien maneja una joya de incalculable valor, probó la lente. Efectuó varios ajustes, hasta que consiguió que permaneciera centrada y eficazmente dirigida.
Se asomó, con cuidado, a la barandilla de la terraza. Frente a él, su objetivo, tres militares de baja graduación, y un oficial, no sospechaban que pronto serían presa de su verdugo.
Realmente, era el oficial la principal presa de Lucas. No importaba. Tanto daba uno que cuatro. Todos caerían, sin enterarse siquiera, bajo el objetivo del francotirador.
Nunca se enteraron, hasta que fue demasiado tarde.
Sus imágenes, brutales, golpeando y asesinando a una familia iraquí, dieron la vuelta al mundo. Sus superiores tomaron cartas en el asunto, y fueron detenidos y deportados a Estados Unidos.
Lucas sabía que no cambiaría mucho. Otros indeseables seguirían cometiendo atrocidades en la zona de guerra, pero allí estaban, él y sus compañeros, francotiradores de la imagen, para dar fé.

domingo, septiembre 26, 2004

VACACIONES DIFERENTES

Este verano he tenido la inmensa suerte de conocer a cuatro jóvenes, dos chicos y dos chicas, que me han llegado a impresionar.
Quizás todo el mundo haya tenido ocasión de conocer a gente así, y, ciertamente, ya me había cruzado con tipos de esta calaña, pero siempre me sorprende la determinación que llevan, y la naturalidad con que toman la decisión.
Me refiero a cooperantes de una ONG. Mira, que curioso...
Hoy, todo el que tiene menos de cuarenta años, y no es miembro de una ONG, es casi catalogado como fascista, mala persona y maltratador del medio ambiente, aún y cuando muchas de las ONGs que aparacen al cabo del año, son meros ganchos para otras finalidades (pero ese es tema para otro post).
Lo que no abunda, es la gente que decide hacer la maleta, subirse a un avión, y marcharse donde realmente hacen falta, a los lugares donde esa ONG tiene sus proyectos en marcha. Logicamente, no son acogedores hoteles de cinco estrellas, esos con pulserita-vale-para-todo, sino lugares donde uno no pensaría que iba a acabar.
Pues bien, Jose Carlos, Dani, Ada y Neus han pasado 34 días en Guayabal, una zona de Santo Domingo, donde la ONG Quisqueya tiene en marcha una serie de proyectos orientados a la dinamización social y económica de los núcleos de población que se reparten por allí.
Tuve ocasión de entrevistarlos unos días antes de partir, y he repetido entrevista cuando regresaron. En la primera ocasión, sus caras mostraban la emoción por comenzar la aventura, por conocer tierras, gentes y costumbres bien distintas a las que conocen. Al volver, su cara tenía otro matiz.
No sabría describirlo, pero se veían... relajados.
Habían pasado más de un mes en una zona en la que la mortalidad infantil superaba la media de latinoamérica, y que, con la ayuda de Quisqueya, había sido erradicada. Guayabal es una zona perdida entre montes, sin apenas recursos, sin infraestructuras, y con gentes dedicadas a subsistir de lo poco que da la tierra.
Aún así, me contaban que su esfuerzo se veía recompensado por esas mismas personas.
Su vida, me explicaban, estaba llena de carencias, de necesidades básicas, y aún así, mantenían siempre una sonrisa en su cara. No se trataba, decían, de felicidad por tener bienes materiales, sino más bien por saber donde están, lo que tienen, y saber vivir con ello. Sin el stress que supone vivir pegado a un reloj, ni a un móvil...
Me decía Neus que una familia se quedó un día sin comer porque les ofrecieron su propia comida a ellos. Que no podían negarse, porque sería un desagravio para esa humilde familia. Una cantidad de emociones, de sentimientos, que dificilmente se pueden entender desde aquí.
Las actividades que ocupaban sus días tenían que ver con la organización de las escuelitas, que reunían ya a 290 niños, y a preparar las fotos que les permitirían obtener el patrocinio de los padrinos de España, que aportan el dinero para que las escuelitas y los demás proyectos funcionen, y garanticen un futuro digno.
También me dijo Dani que las ayudas llegan, que el dinero que damos, pensando que alguna mano se queda, para su propio beneficio, se ve reflejado en el día a día de Guayabal, y uno se queda más tranquilo.
Me pregunto si yo sería capaz de hacer eso, de dejarlo todo, durante un largo mes, y colgar llaves del coche, móvil, reloj, trabajo, problemas, y salir a ayudar a quien de verdad lo necesita.
No creo. Sinceramente.
Pero resulta que desde aquí, también se puede ayudar, y no a la gente de Guayabal, sino que podemos mirar a nuestro alrededor, y poner nuestro granito de arena.
No importa que sea poco.
Estos chicos demuestran que, con poco, se puede hacer mucho.

Un saludín.

sábado, septiembre 25, 2004

LA RADIO QUE ME ATRAPA

Sé que la televisión es uno de los grandes entretenimientos de la gente. La mayoría de los programas logran cazar la atención de las grandes masas, y les hacen pasar buenos momentos, tanto metiéndose en las vidas de otras personas, como ofreciendo buenas historias de ficción.
Pero la televisión me ha llegado a defraudar.
Sí, demasiado corazón y vísceras han llevado a mi pobre cabecita a dedicar mi escaso tiempo de ocio a otros menesteres más interesantes.
Mi afición a la radio viene, no obstante, de hace varios años, cuando comencé a disfrutar de los turnos en la fábrica.
Sobre todo, en la noche.
La noche, si no lo sabes, tiene algo mágico, que te hace volar entre mundos, aunque estés en buena compañía, viendo pasar azulejos por delante de tus narices. Y la rádio, la buena rádio, te ayuda a soñar.
En 1995 descubrí que la rádio era algo más que los 40 principales y desde entonces, estoy atrapada por ella.
Concretamente, por un programa, con un título tan repulsivo como "Turno de Noche"
. El programa, que llevaba el nombre de la franja horaria más perra para trabajar, me enganchó...
Misterio, historia, humor, y la voz increíble de Juan Antonio Cebrián, mi hizo pasar horas y horas con la oreja puesta en el auricular, mientras las horas pasaban ya demasiado rápidas.
Contaba el tiempo que me quedaba para volver a escuchar esa voz, ese programa.
Cuando dejé la fábrica, me dolió no poder escuchar de manera tan asidua el programa, y me dolió cuando, tras tantos años de compañía, desapareció de las noches.
Y volví, al cabo de unos años, a otra fábrica, a otros turnos, y a otro programa.
Cebrián seguía allí, junto a Mar de Tejeda, a Silvia Casasola, a todo su equipo...
Ahora era la Rosa de los Vientos, y con tan sugerente nombre, nos guiaba a través de la noche, con más mágia, con más interés.
Los Pasajes de la Historia, que me llevaron a cabalgar junto a Alejandro Magno, a luchar junto a William Wallace..., a hundirme con el Bismarck...
Los Pasajes del Terror, que me hiceron estremecer al conocer a gente tan salvaje como Ed Gein, o tantos otros...
Las historias de espionaje... Tantas secciones tan atípicas, tan extrañas, y cercanas...
Hoy puede decir que me siento orgulloso de haber elegido una buena manera de pasar mis horas, tanto de trabajo como de ocio, cuando me acompaña, suave pero potente, la voz de Juan Antonio Cebrían, contento y feliz como una lombriz...
Puedes acercarte a los archivos de sonido de www.juanantoniocebrian.com
y comprobar como la mágia, también se transmite por las ondas.
Un saludín.